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Ejemplo de muchas cosas....

La insatisfacción en la cara

Creo que casi todos los españoles nos hemos enterado, gracias a los juegos de invierno en Sochi (Rusia), que "tenemos" un estupendo deportista que puede "conseguir" medallas gracias al patinaje artístico sobre hielo. Yo desconozco cuantas modalidades hay..., me figuro que como casi todos los españoles. El, dicen, es madrileño. Es muy difícil que alguien se dedique al patinaje sobre hielo siendo de Madrid. En Madrid apenas hay hielo para patinar...Me viene a la cabeza un centro comercial saliendo por la carretera de Extremadura orientado a atraer publico como diversión. Nada relevante ni serio.

Tengo que reconocer que cuando empecé a saber más de este chico, más me iba emocionando su historia y su esfuerzo. Es, -como ocurre siempre con quien tiene una idea muy clara-, un expatriado, una persona formada en el patinaje en EE.UU y Canada, al que se le originó su pasión por el patinaje al ir a patinar con su hermana. El resto es un ejemplo de esfuerzo: económico, de aprendizaje de idiomas, de vida alejado de los suyos por seguir su pasión, de trabajo continuo, caídas, etc...buscando la perfección.

Nunca le había escuchado hablar, - tampoco lo conocía-, pero tras las decepciones por no haber conseguido sus objetivos tuve la oportunidad de escucharlo. Me pareció una persona equilibrada, justa, autoexigente, persiguiendo la superación continua de las adversidades...En fin ejemplo de muchas cosas.

Ante tan grandes méritos pensé que el mejor homenaje que le puedo hacer es escribir esta lineas para que quede constancia en el "ciberespacio" del empuje que pueden producir personas como él: Conseguir que me animara a crear una entrada en el Blog, -tras llevar mas de un año que no lo hacía-, para que cuando yo lo vea (pues mi Blog no es muy visitado....) me acuerde de las sensaciones vividas.

Yo no siento el orgullo de que Javier Fernandez "sea español", - cualquier cosa que sea eso-, y hubiera ganado una medalla de oro o de cualquier otro metal. Yo siento el orgullo de ver que un chico con una idea fija de lo que ha querido hacer haya llegado tan lejos. Me alegro por él y por todos los que de algún modo puedan sentirse arrastrados por su fuerza, entre los que me incluyo pese a que quizás, -por la edad-, debiera ser al revés: yo debiera ser el ejemplo. Eso es lo que diferencia a las grandes personas de los comunes mortales. La diferencia no viene de ganar una medalla olímpica, ni siquiera de oro, sino de tener la grandeza de los dioses del Olimpo, llamándose Javier Fernández.